LA HIJA OSCURA
ELENA
FERRANTE
Año 2018.
Novela en papel, libro digital, película (The Lost daughter) y audiolibro.
Mi
opinión
Me
adentré en las obras de Elena Ferrante con La amiga estupenda. No hallé
la novela nada estupenda; me pareció sobrevalorada, con un estilo pobre y una
historia destacable mal contada sin un mínimo de técnica. Sin embargo, decidí
hacer caso a una seguidora que me recomendó La hija oscura. Lo primero
que ya cambió fue el estilo. Si La amiga estupenda fue un horror de
lectura, La hija oscura rebosa calidad estilística.
La
historia comienza con Leda, una profesora de universidad de cuarenta y siete
años que pasa sus vacaciones en la playa. Al principio, parece una novela de
esas en las que el personaje protagonista se introduce en una experiencia de
liberación de emociones de su vida, pero no, es algo más incómodo. ¿Por qué
digo incómodo? Porque Leda, la protagonista narradora, no es una mujer,
ni madre, cualquiera. Reta al lector con su historia y en ningún momento se
plantea dudas sobre su papel como madre. El tema de la maternidad y cómo
afecta a la mujer es el hilo conductor de la obra. Y el detonante para que el
inocente lector se introduzca en la vida de Leda es una muñeca de plástico que
pertenece a Elena, una niña que juega en la playa con Nina, su joven madre.
Enseguida se fija en la familia de la pequeña y sobre todo en Nina. Muy pronto,
se establece una especie de relación extraña entre Leda y la muñeca, y sí, hay
una catarsis en la protagonista, pero no como se la imagina el lector, que
juzgará a la protagonista dependiendo de su experiencia vital.
Los
espacios están bien definidos, con descripciones pasivas y activas minimalistas que se deslizan en una trama de pensamientos.
En
la historia oficial, la que leemos, se deslizan conceptos como «la maternidad
serena, huir para no morir, perderse en la crianza de los hijos o el deseo de
ser madre como objeto de felicidad». Sin embargo, todas las historias tienen su
cara B y el lector se va a sentir incómodo. La obsesión, las víctimas de esa
maternidad, la huida que convierte a la víctima en verdugo, el retorno al
núcleo familiar que cambia el modelo de maternar, la creencia de que todo se
puede justificar, los «cadáveres» que se quedan en la cuneta porque el deseo
objeto de felicidad se convierte en asfixia y la creencia inamovible de que
todos los hechos del pasado se han realizado sin un mínimo de dudas ni de
reflexión por parte de Leda, van a generar debate e incomodidad.
Me
ha llamado la atención que se repiten obsesiones de la autora en esta novela,
como las amistades y su influencia en las edades tempranas, el desprecio por el
dialecto napolitano y nombres de personajes que se repiten de otras obras.
Esta novela pertenece a un recopilatorio de tres obras de la autora titulado Crónicas del desamor. Os animo a poneros a prueba y a sentir rabia, decepción e incluso percibir un final justiciero o dilemático. Totalmente recomendada.

Comentarios
Publicar un comentario
No colaboramos con editoriales: compramos nuestros libros. Analizamos las obras y NO a los autores. Comenta con respeto.