ANIMAL
TRISTE
MONIKA
MARON
2026,
publicada en alemán en 1996. Novela intimista.
Traducción
de Paula Aguiriano Aizpurua
En
un Berlín recién reunificado, donde el pasado aún respira entre las grietas del
presente, una mujer sin nombre vive una historia de amor tan intensa como
devastadora. Pasados los años, desde una reclusión autoimpuesta, rememorará de
manera obsesiva aquel episodio que acabó apartándola del mundo y desdibujando
los límites de la realidad y del tiempo.
Mi
opinión
Nada
está hecho al azar en esta novela; absolutamente nada. Ni el título ni la
imagen de la cubierta ni ese animal prehistórico que danza por la narración.
Todo responde a un mismo hilo invisible, al baile de las letras que salen por
la voz de una protagonista sin nombre.
Al
principio te encuentras con un inicio incierto, de esos que no sabes a dónde te
dirige. Una mujer desmemoriada que no acierta a decir su edad. Va dando tumbos
erráticos por la prosa: «El olvido es el desmayo del alma», nos cuenta la mujer
sin espejos. De pronto, aparece Franz. Con una precisión lingüística, nos adentramos
en el universo de su amante, ese al que no olvida y tiene la misma necesidad
que el lector de saber qué ha pasado con la relación. Ese es el motor de la
obra, lo que va impulsando al lector a seguir leyendo, como un anzuelo que se
va clavando en el cielo de la boca para atraerte hacia la ausencia y la
obsesión.
La
historia nos muestra a una mujer mayor con la vejez metida en el tuétano, con
la incertidumbre pegada en el alma. A lo largo de la narración, se exploran los
laberintos de su desmemoria, con un estilo de flujo de conciencia más
estructurado que el de Joyce Carol Oates. La historia se enmarca en un contexto
histórico que mi generación observó: «A veces creo incluso que hasta el muro de
Berlín se derribó solo para que Franz pudiera encontrarme a mí».
Mis
primeras sensaciones fueron que me encontraba ante una anciana amargada,
insatisfecha, obsesionada y en ocasiones mezquina. Me recordó a Mandie Fowler,
protagonista de la novela Diario de una buena vecina, de Doris Lessing.
Estamos
ante una trama híbrida; de personaje que degenera y de tormenta de ideas y pensamientos que provocan al lector; prácticamente le obliga a reflexionar
sobre la línea fina que existe entre el amor y la obsesión. Hay momentos en los
que sientes pena por ella; «Le exigía declaraciones de amor constantes que, sin
embargo, solo me tranquilizaban el tiempo que tardaba en pronunciarlas».
¿Empatía? Depende de cada lector, porque es una historia que puede
entender mejor la que está al otro lado. El observador será testigo del
delirio de una mujer en su etapa más vulnerable, recopilando hechos y
reflexiones para esclarecer si la imaginación distorsionó la realidad. «En
algún momento vino Franz. No sabría decir si fue la noche de ese mismo día o la
del día siguiente o aún más tarde».
Y al final, la sorpresa, esa que no intuye el lector, completando un círculo. Una obra para leer sin prisa, para pausarla… Una novela inevitable para los lectores a los que no les importe incomodarse y no busquen la palabra censura en su manual de conducta moral de la sociedad actual.
*Podcast aquí.
*La palabras azules son enlaces al DBM (Diccionario Britt de Metaliteratura).

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